29/11/10

La Metamorfosis Mexicana

“pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio” J. M. Serrat

Por: Cruz Antonio González


El pueblo mexicano, sus gobernantes e instituciones poseen las características de cuyo personaje se centra la trama de la gran novela del escritor checo Franz Kafka, personaje que se transformó de hombre en escarabajo, «metamorfosis» que suspende el presente cómo único tiempo, y la sala de estar como único espacio de vida que vincula a Gregorio Samsa con el mundo.

La diferencia fundamental entre la obra de Kafka y el pueblo mexicano, es que el segundo tiene un pasado y, probablemente un futuro que desde los ojos del presente no pinta nada halagador, ¡qué va!, treinta mil muertos oficialmente en una administración aferrada a una estrategia de guerra contra la violencia organizada resulta más que un fracaso, sobre todo si entre las estadísticas de muertos resaltan los jóvenes. A la iniciativa gubernamental se le pueden dar múltiples lecturas, desde el apoyo a uno de los cárteles de la droga para atacar a otros; la justificación para un posible «plan Colombia» en nuestro país que consiste en la militarización de la sociedad, y desde luego atacar a los grupos opositores al régimen conservador, y aquí habría que incluir un proyecto de guerra contra los jóvenes, o sea programado para eliminar a los jóvenes, no sólo porque los jóvenes de por sí son inconformes y rebeldes contra lo que significa “autoridad”, y precisamente porque no están quietos, y menos en este país que no les ofrece oportunidades de empleo digno ni una vida mejor, salvo cárceles y cementerios, entonces ser joven mujer u hombre lo convierte en un peligro para el sistema político y económico de México, pero no sólo aquí, en Europa ese fantasma de la juventud recorre varios países, y esa bomba es cuestión de tiempo para estallar, por eso la idea de eliminarlos.

Desde su inicio la presente administración ha sido una faramalla, sin olvidar que su conquista del poder fue producto de un fraude electoral orquestado desde los medios de comunicación, pero eso no es todo, desde hace treinta años el Estado mexicano ha sido un fracaso, reproduciendo las recetas económicas que le imponen los altos mandos financieros. Claro, los apologistas del libre mercado podrán objetar sus reservas ya que se han beneficiado económicamente de esa situación, pero sus argumentaciones no se pueden sostener ya que el Estado se desligó de su responsabilidad principal que consiste en garantizar una vida digna a los ciudadanos y dimensionar mediante las instituciones estabilidad económica, política y social. Nada de eso existe, la sociedad ha sido arrastrada hacia el abismo bajo la conducción de una clase política nefasta que sirve a los intereses de los poderosos y no del pueblo que dice representar.

El personaje Gregorio Samsa es una dolorosa analogía de hacia dónde se dirige el país, en la novela Samsa no tiene historia, no hay pasado porque deliberadamente el autor así lo decidió, y eso quiso alertarnos Kafka de la sociedad moderna nacida del desarrollo industrial, esa fue la interpretación de otro escritor checo Milan Kundera, la sociedades tienden a darle la espalda a su pasado, pero, podrá ese olvido del pasado ser espontáneo, darse por sí mismo, o existe una fuerza poco visible de un sector de la sociedad que institucionalmente lo promueve.

Tal vez sea por eso que para Gregorio Samsa el futuro no llegó, el curso de un día fue suficiente para ganarse el desprecio de su familia, el ataque, luego la muerte. Y es que existen contextos donde el ser diferente, es una alarma, casi un delito que implica la persecución, el señalamiento, y no pocas veces la cárcel o la muerte. Esto sucede cuando el pensamiento lo conduce lo irracional, el racismo, y ciertas formas de autoritarismo, la idea del éxito, un éxito no basado en la solidaridad, el respeto y la dignidad humana, sino lo contrario, en pisotearlo y humillarlo, pasar por encima de él en la torpe competencia por demostrar quién es el mejor, aunque eso no modifique en nada el estado de cosas, la desigualdad social, las injusticias por la cual se sostiene dicha competencia.

Nuestro país corre la misma suerte de Gregorio Samsa, claro está, en otras dimensiones, y esta «metamorfosis de la deformación», viene de esa conquista forzada y sangrienta que los cronistas oficiales gustan en llamarle el «intercambio cultural»; pero la conquista no fue ninguna novedad ni tan accidental como a veces se piensa. Lenin a principios del siglo XX sostenía que una de las características del capitalismo es la guerra de conquistas entre los imperios por acaparar los mercados en otros territorios, así pues, contra la tesis oficial, el descubrimiento de América significó nuevos mercados para las potencias europeas, la creación de colonias sujetas a las decisiones arbitrarias de los conquistadores. Después vino la independencia y asomaron los rostros las potencias inglesa y francesa, para luego terminar en las garras del imperio norteamericano.

Como país no nos han dejado ni hemos podido ser a nuestra suerte, con todos los problemas y contradicciones que la aventura conlleva, eso que el artículo 39 de la Constitución llama la «soberanía nacional», y que reside esencialmente en el pueblo y para el pueblo.

Somos dependiente del más fuerte, y paradójicamente, somos pobres en un suelo hartamente rico en recursos naturales, en biodiversidad, en diversidad cultural, y desde luego con una historia donde ha peregrinado la dignidad en muchos casos, tal vez sea por eso que los de arriba prefieren en sus notas discursivas omitir el pasado.

El caso es que el pensamiento no camina, las escuelas han dejado de producir ideas, de generar debates que abran líneas de investigación en cualquiera de las áreas del conocimiento. De esta crisis no se salva la Universidad Autónoma de Sinaloa, la menciono por dos razones; la primera, por ser una Universidad creada para el pueblo, de eso habla mejor su historia de luchas, que no han sido pocas, en defensa de su autonomía; la segunda razón tiene que ver con las descomposición institucional que actualmente vive la Universidad, ha dado un giro a la derecha, hacia el conservadurismo más recalcitrante, secuestrada por el exrector y una camarilla de sinvergüenzas para canjearla como botín político en las elecciones, violentando la precaria democracia y lo que quedaba de su autonomía.

Al interior existe un rotundo silencio, un grosero y vulgar silencio, nadie dice nada, los profesores siguen el juego con las reglas establecidas de lo que ya Michel Foucault llamaba «vigilar y castigar» lo irregular, aquello que se mueva contra los intereses creados, una especie de correa de transmisión que imposibilita la crítica, algo así como «el pensamiento único», el pensamiento que no aborda la esencia de los problemas tantas veces cuestionado por Ignacio Ramonet.

En los estudiantes se desarrolla el pensamiento del no pensamiento, la crítica de la no crítica, la excelencia académica mediante la asistencia diaria, la resolución de exámenes y por lo tanto la memoria a corto plazo, pero no la reflexión de los contenidos, la construcción de criterios independientes del autor o del maestro, o en todo caso la fundamentación del discurso con conceptos filosóficos o de otra índole, el caso es que la Universidad se ha vaciado de contenido y busca parecerse a las escuelas privadas en el juego lucrativo de la oferta y la demanda.

Cómo ha de ser distinto el futuro de nuestro país y la Universidad del sino de Gregorio Samsa, pregunto, cuando al igual que éste carece de pasado, le han arrebatado deliberadamente la posibilidad de recordar qué hubo atrás de lo que somos. Ante esta circunstancia, la pérdida de la memoria histórica conduce a la tragedia nacional; un país desgajado, manoseado y corrompido; un país sin escrúpulos para esconder la cabeza, de ser saqueado año tras año, siglo tras siglo, sin atreverse siquiera, salvo de manera aislada, modificar sus condiciones de vida.

En esta disyuntiva del ¿qué hacer? surge La Sexta Declaración de la Selva Lacandona emitida en el 2005 en un rincón de Chiapas, una invitación a construir un movimiento de izquierda y anticapitalista con la gente de abajo en La Otra Campaña; los marginados y excluidos del sistema. No con la clase política que sólo busca perpetuarse en el poder y sacar beneficio monetario, no, este movimiento que va tomando vuelo es contra todos ellos y a quienes representan, un movimiento que trastoque los cimientos del país para reconstruirlo, hacerlo habitable.

La Sexta es eso, organizarnos y luchar juntos por cambiar el país, no hay vuelta de hoja, o sólo quedará la sombra o el membrete de lo que un día fue. La Sexta es la propuesta más honesta, profunda, coherente, ética y radical en el país de manera civil y pacífica. No se busca el poder, vamos contra el poder y quien lo represente, sea del color que sea, porque lo que está en juego no es el pase al mundial de Brasil 2014, es el futuro de este país como nación libre y soberana, porque cada uno tenga su lugar en la sociedad, y la riqueza producida por el esfuerzo del pueblo trabajador sea para el propio pueblo trabajador.

Si alguien piensa que todo está perdido, que no hay nada por decir, en la Sexta decimos y hacemos lo contrario, y no importa el número, ni el título, ni el grado, ni el tiempo, ahí estaremos. Falta lo que abajo se decida, ese otro murmullo colorido de amor y poesía, los peatones anónimos que no son tomados en cuenta por la democracia partidista, y que sin embargo caminando practican la democracia y la justicia, por algo la historia empieza no en el pasado, sino en el presente, en este tiempo y espacio que somos se construye el rostro, la mirada y la palabra… la vida, así de maltrechos, dolidos y heridos, que no necesariamente tenemos que ser.

No hay comentarios: