8/2/13


ELLOS Y NOSOTROS.

 VI.- Las Miradas 3.
 
3.- Algunas otras miradas.

 una: Un sueño en esa mirada.



Es una calle, una milpa, una fábrica, un socavón, un bosque, una escuela, una tienda departamental, una oficina, una plaza, un mercado, una ciudad, un campo, un país, un continente, un mundo.

El Mandón está gravemente herido, la máquina rota, la bestia exhausta, la salvaje encerrada.

De nada sirvieron los cambios de nombre y de banderas, los golpes, las cárceles, los cementerios, el dinero fluyendo por las mil arterias de la corrupción, los “reality shows“, las celebraciones religiosas, las inserciones pagadas, los exorcismos cibernéticos.

El Mandón llama a su último capataz.  Algo le murmura al oído.  El capataz sale y se enfrenta a la muchedumbre.

Dice, pregunta, demanda, exige:

“Queremos hablar con el …“

Duda, la mayoría de quienes se le enfrentan son mujeres.

Corrige:

“Queremos hablar con la … “

Vuelve a dudar, no es pequeño el número de otr@s que se le enfrentan.

Vuelve a corregir:

“Queremos hablar con quien esté al mando“.

Por entre el silencio se adelantan un@ ancian@ y un@ niñ@, se paran frente al capataz y, con una voz inocente y sabia, dicen:

“Acá todas y todos mandamos“.

El capataz se estremece, y se estremece la voz del Mandón en su último grito.

La mirada despierta.  “Extraño sueño“, se dice.  Y, sin importar el calendario y la geografía, sigue la vida, la lucha, la resistencia.

Del raro sueño sólo unas palabras recuerda:

“Acá todas y todos mandamos“.



dos: Otra mirada desde otro calendario y otra geografía.

 (fragmento de una carta recibida en el cuartel general del ezetelene, sin fecha)

   “Saludos Compas.

 (…)

   Mi opinión es que fue una chingonería todo.  Pero no niego que todo esto es en retrospectiva.  Sería muy fácil decir que entendí perfectamente el silencio y que nada me sorprendió.  Falso, yo también me impacienté con el silencio (desde luego no tiene que ver con lo que se dice de que antes no hablaban los zapatistas, yo sí leí todas las denuncias).  La cuestión es que vista con la ventaja de los hechos que han pasado, y que están pasando, pues desde luego la conclusión es lógica: estamos en medio de la iniciativa más audaz, por lo menos desde la insurrección, de los zapatistas.  Y esto tiene que ver con todo, no sólo con la situación nacional sino también internacional, creo yo.

   Permítanme que cuente lo que yo entendí de lo que, a mi parecer, fue el hecho más significativo de la acción del 21 [de diciembre del 2012].  Desde luego hay muchas cosas: la organización, el esfuerzo militante, la demostración de fuerza, la presencia de los jóvenes y mujeres, etc.  Pero a mí lo que más me impresionó fue el que anduvieran cargando unas tablas y que llegando a las plazas se hicieran unos templetes.  Conforme se iba narrando lo que sucedía, muchos medios privados, y algunos de los libres, especulaban sobre la llegada de los líderes zapatistas.  Y no se daban cuenta que los líderes zapatistas estaban ya ahí.  Que eran los pueblos que se subían al templete y decían, sin hablar, aquí estamos, estos somos, estos seremos.

   El templete les tocó a los que les debe tocar.  Nadie ha reparado, creo yo, en ese hecho y, sin embargo, creo yo, ahí está, en una nuez, el significado profundo de una nueva forma de hacer política.  Lo que rompe con todo lo viejo, lo único verdaderamente nuevo, lo único que merece la pena tener [ilegible en el original] “siglo XXI”.

   El alma plebeya y libertaria de lo que ha sido en la historia momentos coyunturales, aquí se ha construido sin grandes alardes teóricos.  Más bien con una práctica soterrada.  Ya lleva demasiados años como para ser una ocurrencia.  Ya es un proceso histórico social largo y sólido en el terreno de la auto organización.

   Finalmente recogieron su templete, volvieron a convertirse en tablas y todos deberíamos de tener un poco de vergüenza y ser más modestos y sencillos y reconocer que algo inesperado y nuevo está frente a nuestros ojos y que debemos mirar, callar, escuchar y aprender.

 Un abrazo para tod@s.  Espero que, dentro de lo que cabe, estén bien.

 El Chueco.”



tres: “Instrucciones sobre qué hacer en caso de … que l@ miren”

 Si alguien lo mira, la mira, y usted se da cuenta de que…

No lo mira como si fuera usted transparente.

No quiere convencerlo de que sí o de que no.

No quiere cooptarlo.

No quiere reclutarlo.

No quiere dirigirlo.

No quiere juzgarlo-condenarlo-absolverlo.

No quiere usarlo.

No quiere decirle qué puede o no hacer.

No quiere darle consejos, recomendaciones, órdenes.

No quiere recriminarle porque no sabe, tampoco porque sí sabe.

No lo desprecia.

No quiere decirle lo que debe hacer o no debe hacer.

No quiere comprarle su auto viejo, su cara, su cuerpo, su futuro, su dignidad, su voluntad.

No quiere venderle algo…

 (un tiempo compartido, una televisión lcd en 4D, una máquina súper-ultra-híper-moderna con botón de crisis instantánea (ojo: no confunda con el botón de eyección, porque la garantía no incluye amnesia por ridículos mediáticos), un partido político que cambia de ideología según sople el viento, un seguro de vida, una enciclopedia, una entrada vip al espectáculo o revolución o cielo de moda, un mueble en abonos chiquitos, un plan de telefonía celular, una membrecía exclusiva, un futuro regalado por el líder generoso, una coartada para rendirse, venderse, claudicar, un nuevo paradigma ideológico, etc.).



Entonces…

Primero.- Descarte usted que se trate de un depravado o depravada.  Usted puede ser lo suci@, fe@, mal@ y groser@ que se quiera, pero, lo que sea de cada quien, tiene ese toque sexy y cachondo que da el estar dale y dale al trabajo; y ese “eso” puede despertar las bajas pasiones de cualquiera.  Mmh… bueno, sí, una peinada no estaría de más.  Si no se trata de un (a) depravad@, no se desanime, el mundo es redondo y da vueltas, y siga más abajo (de esta lista, se entiende).

Segundo.- ¿Está usted segur@ de que es a usted a quien mira?  ¿No será a ese anuncio de desodorantes que está a sus espaldas (de usted, se entiende)?  ¿O no será que está pensando (quien l@ mira a usted, se entiende): “Creo que así me veo yo cuando no me peino“?  Si ha descartado eso, continúe.

Tercero.- ¿No tiene cara de policía buscando completar el pago que le tiene que reportar a su superior?  Si sí, corra, aún está a tiempo de no perder lo del pasaje.  Si no, pase al siguiente punto.

Cuarto.- Devuélvale la mirada, con seño severo.  Una mirada mezcla de enojo, dolor de panza, fastidio y look de asesin@ serial servirá.  No, así parece osit@ estreñid@.  Vuelva a intentarlo.  Ok, pasable, pero siga practicando.  Ahora, ¿no huye despavorid@?, ¿no desvía la mirada?, ¿no se le acerca exclamando “¡tí@ juanch@! ¡No te reconocía!  Pero con ese gesto…“?  ¿No?  Ok, continúe.

Quinto.- Repita los pasos primero, segundo, tercero y cuarto.  Puede haber fallas en nuestro sistema (que, claro, es hecho en China).  Si vuelve a llegar a este punto, pase al siguiente:

Sexto.- Tiene usted altas probabilidades de haber topado con alguien de la Sexta.  No sabemos si felicitarle o darle el pésame.  En todo caso, es su decisión y su responsabilidad lo que siga a esa mirada.



cuatro: Una mirada a un puesto zapatista.

(calendario y geografía sin precisar)

 El SupMarcos: Tienen que apurarse porque se acaba el tiempo.

La insurgenta de sanidad:  Oí Sup, el tiempo no se acaba, se acaban las personas.  El tiempo viene de muy lejos y sigue su camino hasta alláaaaaa, donde no lo podemos mirar.  Y nosotros somos como pedacitos de tiempo, o sea que el tiempo no se puede caminar sin nosotros.  Nosotros lo que hacemos es que el tiempo camine, y cuando nos acabamos viene otro y lo empuja otro tanto al tiempo, hasta que se llega a donde se tiene que llegar, pero no lo vamos a mirar dónde es que se llega sino que otros lo van a ver si es que llega cabal o de repente no le alcanzó la fuerza para llegar y otra vuelta que hay que empujarlo otra vez, hasta que llegue de por sí.

(…)

La capitana de infantería: ¿Y por qué tardaste tanto?

La insurgenta de sanidad: Es que le estaba dando plática de la política al Sup, que sea que le estaba ayudando para que explique bien que hay que mirar lejos, hasta donde no nos alcanza ni el tiempo ni la mirada.

La capitana de infantería: Ajá, ¿y luego?

La insurgenta de sanidad: Me castigó porque no me apuré de los trabajos y me mandó a la posta.

 (…)

 cinco: Extracto de los “Apuntes para mirar el Invierno”.

 (…)

Y sí, tod@s subieron al templete con el puño en alto.  Pero no miraron bien.  No miraron la mirada de esos hombres y mujeres.  No miraron que, cuando cruzaban por arriba, volteaban la mirada hacia abajo y veían a sus decenas de miles de compañeros.  Es decir, se miraron a sí mismos.  Allá arriba no nos miraron mirándonos.  Allá arriba no entendieron, ni entenderán nada.

(…)



seis: Ponga usted su mirada (o su mentada, manque no sea de menta).


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(Continuará…)

Desde cualquier rincón de cualquier mundo.



SupMarcos.

Planeta Tierra.

México, Febrero del 2013.

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